El Ùltimo Chindit (Relato)

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El í™ltimo Chindit (Relato)

Notapor AZOR el Sab Feb 27, 2010 1:19 pm

Esto me iba a consagrar como el “freakie”del Departamento. Absortos como estaban todos en la Guerra Frí­a, los Fascismos , incluso el 11-S, que alguien decidiera hacer su Tesis sobre un extraño y poco conocido cuerpo militar británico en la Segunda Guerra Mundial era raro. ¿Cómo me atreví­a a investigar historia militar? ¿Por qué no hacia algo “útil”, como todos?.
Desde que era un crí­o y cayeron en mis manos las obras de “Camino a Mandalay”de John Masters y “Chindits”de Mike Calvert me fascinó este cuerpo encargado de desarrollar operaciones especiales tras las lí­neas japonesas en Birmania y, en último término desbaratar sus lí­neas de suministro para una invasión de la India.. Todo ello en un terreno en el que nunca habí­an combatido ,la jungla y mandados por oficiales acostumbrados a la vida en la India, al Polo, al Cricket, al té helado , las cacerí­as de tigre, o las excursiones al Himalaya y que luchaban por mantener un imperio que sabí­an perdido aunque vencieran. Aún así­ en 1942, cuando el extravagante General Wingate eligió el “Chinthé”el animal mitológico de las pagodas para simbolizar la unidad, esta se puso en marcha.
Está bien, tu verás lo que haces.- El tono airado de mi jefe me sacó de mi ensoñación - pero no entiendo que tienes que hacer en la puta selva, habiendo bibliotecas.
- Vale , “coronel tapiocca”, pero te lo pagas tí¹. Y te quiero de vuelta en quince dí­as. Un mes, repuse. Tres semanas y punto. ¿Cuándo te vas?.
-Aprovecharé las navidades. Es la estación seca. Entre 15 y 25º.
Lo preparé todo. Pasaporte con visado para 28 dí­as, el máximo, dólares americanos, y vacunas contra todo tipo de enfermedades tropicales, conocidas y no. Alojamiento en Rangoon, ahora Yangon , capital de Birmania, ahora Myanmar.
El viaje eterno, con empresarios temerarios y algún turista sexual. El aeropuerto tomado por el ejército, ese tipo de ejército lleno de entorchados dedicado a “combatir”el peligro interior, es decir, su propia población. Y enseguida al hotel, un edificio colonial encalado, que no reformado, cuyas infraestructuras, las mismas, incluidas sábanas y toallas ,debieron ser utilizadas por los oficiales británicos de los “Chindits”. Al dí¬a siguiente tení­a que comenzar la investigación así­ que me fui a la cama.
Me desperté diez horas después y con un hambre de lobo. Me esperaba un desayuno continental y no tendrí­a que esperar mucho. En el comedor, mientras daba cuenta de él, estaban en otra mesa dos policí­as, que aunque de paisano no podí­an esconder su condición. Y además no creo que quisieran. Salí­ del hotel para buscar un taxi y este me buscó a mí­. Era Wi-Lay, un chino que por circunstancias rocambolescas habí­a ido a parar a Birmania. No parecí­a chino, era alto y muy fuerte y con un carácter mas caribeño que oriental. En su destartalado pero barato 2CV nos dirigimos a mi primera parada, el cementerio militar británico de Htaukkyant, 15 Km al norte.
Era uno de los cementerios mas grandes de Birmania. Albergaba 27.000 tumbas en las que los soldados aliados que cayeron en este infierno verde “Formaron”por última vez. El silencio estremecedor. Este no era uno de los famosos y accesibles museos de Normandí­a y ninguna pelí­cula recordaba su existencia. Al poco me topé con lo que debí­a ser la dirección, al pasar la imponente columnata que incluí­a un monumento y una sencilla cruz. Desde el hotel habí­an hecho su trabajo y el director me estaba esperando. Puso los archivos a mi disposición y me presentó a mi guí­a del recinto. Mientras tanto mis inseparables amigos policí­as llegaban al lugar y se mantení­an a distancia.
Me puse a trabajar en los legajos, todaví­a sin informatizar, todo eran fechas, regimientos de procedencia y lugares del fallecimiento. Poco iba a sacar. Después de unas horas de agotadora recopilación tuve que salir al exterior y entonces lo ví¬.
Al final de una de las larguí­simas filas de lápidas. Estaba sentado en una pobre y destartalada banqueta de mimbre. Era mayor, muy mayor. Mayor no es la palabra. Era viejo, como un fantasma de otro tiempo. Conforme me acercaba a él podí¬a verlo mejor:
Gorro chindit, de influencia australiana, de ala ancha con una de ellas recogida sobre la copa y sujeta por el escudo regimental, en su caso el Regimiento “King´s Liverpool”, además vestí­a una chaqueta de algodón que alguna vez habí­a sido blanca y unos pantalones chinos. Pude observar, cuando se volvió al oí­r mis pasos. varias condecoraciones en su raí­da chaqueta, entre ellas una medalla de la India, una Estrella de Birmania, una medalla de Guerra y sobre todo ¡una Cruz Militar!, la segunda medalla mas importante del Imperio. Se dedicaba con sumo cuidado a regar las parcelas de las tumbas y parecí­a que hablaba con ellas. A mis preguntas no respondió, tan solo cuando escuchó la palabra “Chindit”dejó escapar un gruñido entre dientes para decir, :Hace mucho de eso. ¡Y tanto!. Aquel tipo debí­a tener cerca de noventa años. Ante su actitud desistí­ y en mi camino de vuelta me encontré con el director del cementerio. Me dijo que no sabí­a quien era aquel tipo, que ya estaba allí­ cuando Á¨l fue nombrado, que le suponí­a chindit pero que no hablaba. Tení­a una habitación en el pueblo y pasaba el dí­a en el cementerio sin otra cosa que hacer que cuidar las tumbas. El director me dió a entender que lo dejaban estar porque les hací­a el trabajo sucio.
En fin, después de aquella extraña visita seguí­ mi periplo por Birmania. Visité las bases de los Chindits : “Picadilly”, “Broadway”y “Chowringhee”. Todas ocultas por la vegetación, devoradas por el tiempo. ¿A ver si mi jefe iba a tener razón?, ¿Habrí­a sacado más en Internet?.
Y llegó el dí­a anterior a mi partida. Me iba a quedar en el hotel ahogando mi frustración en alcohol y fabulando una historia para mis colegas cuando recibí­ una llamada del director del cementerio. El viejo “Chindit”habí­a muerto y el Director del camposanto querí­a hablar conmigo.
Mi destartalado 2CV me llevó en minutos y en el despacho del director este me esperaba. -Ha muerto ayer- me dijo-. Me han traí­do sus cosas y como no dió señas ni referencias familiares, pensé que podrí­a interesarle echar un vistazo, sonrió cinicamente.
- ¿Lo enterrarán aquí­?
- Si claro, tenemos sitio y creo que lo merecí­a
- Por favor, háganlo con sus condecoraciones. Le entregué unos dólares
- De acuerdo.
- Y con su sombrero, repuse
Sus mí­seras pertenencias no tení­an valor. Lo único que me llamó la atención fue el fajo de octavillas viejas del cementerio, de los años 50 que se entregaban a los todaví­a asiduos visitantes. Estaba escritas por la parte de atrás
-Parece que cuentan una historia, para un historiador- sonrió entre dientes el desagradable director
-¿Cuánto?, dije
- Eso mismo, señalo al fajo de billetes que tenia en la mano
- Es usted un………. ¡Está bien!. La sanguijuela habí­a notado mi interés por el manuscrito
Pagué y me fuí­ . Esa misma noche (debí­a embarcar a las seis de la mañana me puse a leer)
“Me llamo John Goldmann y pronto voy a morir. Nací­ en Liverpool en 1923 y voy a contar mi historia por aquellos que ya no pueden hacerlo……………..”
Así­ empezaba la increí­ble aventura de este estibador que al cumplir 18 años se alistó en el “Kings Liverpool Regiment”, en su 13er Batallón. En diciembre de 1941 embarcaron para la India y se agregaron a la 77ª Brigada. Y el 8 de Febrero de 1943 entraron en Birmania para operar tras las lí­neas japonesas. Después de 3 meses de sabotajes regresaron a las lí­neas británicas. De los 3.000 hombres iniciales volvieron 2.000 y 600 de ellos heridos o enfermos. Uno de ellos, el autor, herido y enfermo de malaria. Tardó en recuperarse 6 meses pero volvió a pedir voluntario para los “Chindits”, donde estaban sus amigos. Esta vez irí­a bajo el mando de Mike Calvert, “Mike el loco”que después de la guerra fundarí­a el S.A.S. y tuvo que dejar el ejército por un escándalo homosexual. El autor hablaba de Á¨l con autí¨ntica veneracií²n
La 77ª volvió a entrar, esta vez por via aérea, en Birmania y combatió entre Febrero y Agosto de 1944. Sufrieron un 50% de bajas y John volvió a resultar herido y su malaria se agravó. No pudo ser repatriado hasta febrero de 1945 y la victoria le sorprendió en el hospital de veteranos de Liverpool.
Poco a poco se repuso. Le ofrecieron un puesto de conserje en el Ayuntamiento, pues no podí­a con el trabajo de estibador. Se caso, pero pasados unos años los fantasmas de la jungla comenzaron a visitarle. Los rostros de los amigos que quedaron atrás se le aparecí­an. Su matrimonio fracasó y con 40 años se jubiló por causas de salud. Entonces, en 1963 viajó, armándose de valor,a Birmania, y los dí­as que visitó el cementerio fueron los primeros en que pudo dormir bien. Fue cuando tomó la decisión.
Domicilió su pensión en Rangoon y se traslado para cuidar a “los viejos camaradas”.
Ahora, por fin, se habí¬a reunido con ellos. Recordaba divertido como los turistas se le quedaban mirando cuando, mientras cuidaba las tumbas, silbaba alegremente “It`s a Long Way To Tipperary”
AZOR
 
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