Chernobyl

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Chernobyl

Notapor poliorcetes el Lun May 10, 2010 7:30 pm

No he encontrado ningún hilo dedicado a Chernobyl (si lo hay, ruego se mueva el post a donde corresponda). Hace muchos años que supe de esos tres héroes de la humanidad, y hoy he encontrado un texto que les hace siquiera un poco de justicia.

http://lapizarradeyuri.blogspot.com/201 ... nobyl.html

Los tres superhéroes de Chernóbyl.
from La pizarra de Yuri by Yuri

Puede que salvaran a millones de personas sacrificando sus vidas, y ya nadie se acuerda.



Es una de las historias más conocidas de nuestro tiempo: el dí­a 26 de abril de 1986, el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbyl estalló durante el transcurso de una prueba de seguridad mal ejecutada, a consecuencia de 24 horas de manipulaciones insensatas y más de doscientas violaciones del Reglamento de Seguridad Nuclear de la Unión Soviética. Estas acciones condujeron al envenenamiento por xenón del núcleo, llevándolo a un embalamiento neutrónico seguido por una excursión de energí­a que culminó en una gran explosión a las 01:24 de la madrugada.

Sobre Chernóbyl se han contado muchas mentiras. Y las han contado todos, desde las autoridades soviéticas de su tiempo hasta la industria nuclear occidental, pasando por los propagandistas de todos los signos y la colección de conspiranoicos habituales. Hay una de ellas que me molesta de modo particular, y es esa de que los liquidadores ''el casi millón de personas que acudieron a encargarse del problema'' eran una horda de pobres ignorantes llevados allí­ sin saber la clase de monstruo que tení­an delante. Y me molesta porque constituye un desprecio a su heroí­smo.

Y porque es radicalmente falso. Una turba ignorante no sirve para nada en un accidente tecnológico tan complejo. Los equipos de liquidadores estaban compuestos, sobre todo, por bomberos, cientí­ficos y especialistas de la industria nuclear; tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica; e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio, debido a su amplia experiencia en la manipulación de estas sustancias. Es necio suponer que esta clase de personas ignoraban los peligros de un reactor nuclear destripado cuyos contenidos ves brillar ante tus ojos en un enorme agujero.

Los liquidadores acudieron, sabí­an lo que tení­an ante sí­, y a pesar de ello realizaron su trabajo con enorme valor y responsabilidad. Cientos, miles de ellos, de manera heroica hasta el escalofrí­o. Los bomberos que se turnaban entre vómitos y diarreas radiológicas para subir al mí­tico tejado de Chernóbyl, donde habí­a más de 40.000 roentgens/hora, para apagar desde allí­ los incendios (la radiación ambiental normal son unos 20 microrroentgens/hora). Los pilotos que detení­an sus helicópteros justo encima del reactor abierto y refulgente para vaciar sobre él los buckets de arena y arcilla con plomo y boro. Los técnicos y soldados que corrí­an a toda velocidad por las galerí­as devastadas cantándose a gritos las lecturas de los contadores Geiger y los cronómetros para romper paredes, restablecer conexiones y bloquear canalizaciones en turnos de cuarenta o sesenta segundos alrededor de la sala de turbinas (20.000 roentgens/hora). Los mineros e ingenieros que trabajaban en túneles subterráneos, inundándose constantemente con agua de siniestro brillo azul, para instalar las tuberí­as de un cambiador de calor que le robase algo de temperatura al núcleo fundido y radiante a escasos metros de distancia. Los miles de trabajadores y arquitectos que levantaban el sarcófago a su alrededor, retiraban del entorno los escombros furiosamente radioactivos y evacuaban a la población. Salvo a los soldados, sometidos a disciplina militar, a nadie se le prohibí­a coger el petate e irse si no querí­a seguir allí­; casi nadie lo hizo. Es más: muchos de ellos llegaron como voluntarios desde toda la URSS, especialmente muchos estudiantes y posgraduados de las facultades de fí­sica e ingenierí­a nuclear. Esta fue la clase de hombres y no pocas mujeres que algunos creen o quieren creer una turba ignorante y patética. Esto fueron los liquidadores.


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Un helicóptero Mi-8 toca los cables de una grúa utilizada en la construcción del sarcófago y cae mientras intenta descargar arena con boro sobre el reactor abierto, el 2 de octubre. Las operaciones de liquidación se extendieron durante más de un año.


Les llamaban, y se llamaban a sí­ mismos, los bio-robots, que seguí­an funcionando cuando el acero cedí­a y las máquinas fallaban. No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de lo que tuvieron bien poco. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tení­a que hacer el maldito trabajo. Hoy quiero hablar de tres de ellos, que hicieron algo aún más extraordinario en un lugar donde el heroí­smo era cosa corriente. Por eso, sólo se me ocurre denominarlos los tres superhéroes de Chernóbyl.

El monstruo del agua que brilla en azul.

Lo único que hay de cierto en estas suposiciones sobre la ignorancia de los liquidadores es que, en las primeras horas, no sabí­an que habí­a estallado el reactor. Pero no lo sabí­an porque nadie lo sabí­a. La misma lógica errónea de los responsables de la instalación que provocó el accidente les hizo creer que habí­a estallado el intercambiador de calor, no el reactor; y así­ lo informaron tanto al personal que acudí­a como a sus superiores. Hay una historia un tanto chusca sobre cómo los aviones que llevaban al lugar a destacados miembros de la Academia de Ciencias de la URSS se dieron la vuelta en el aire por órdenes del KGB cuando éste descubrió, a través de su equipo de protección de la central, que habí­a explotado el reactor (además de sus atribuciones de espionaje por el que es tan conocido, el KGB "uniformado" desempeñaba en la Unión Soviética un papel muy parecido al de nuestra Guardia Civil, exceptuando tráfico pero incluyendo la seguridad de las instalaciones radiológicas).


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En la mañana inmediatamente posterior al accidente, un helicóptero militar obtiene las primeras tomas de video donde se observa el reactor abierto y fundiéndose.


Debido a este motivo, en un primer momento se echaron sobre el agujero millones de litros de agua y nitrógeno lí­quido, con el propósito de mantener frí­o y proteger así­ el reactor que creí­an a salvo y sellado más allá de las llamas y el denso humo negro. Esto contribuyó a empeorar las consecuencias del siniestro, pues el agua se vaporizaba instantáneamente al tocar el núcleo fundido a más de 2.000 ºC; y salí­a disparada hacia la estratosfera en forma de grandes nubes de vapor que el viento arrastrarí­a en todas direcciones.

De todos modos, tení­a poco arreglo: era preciso apagar los enormes incendios. Cuando el fuego quedó extinguido por fin, no sólo habí­a pasado la contaminación al aire, sino que ahora tení­an una gran cantidad de agua acumulada en las piscinas de seguridad bajo el reactor. Estas piscinas de seguridad, conocidas como piscinas de burbujas, se hallaban en dos niveles inferiores y tení­an por función contener agua por si fuese preciso enfriar de emergencia el reactor. También serví­an para condensar vapor y reducir la presión en caso de que se rompiera alguna tuberí­a del circuito primario (de ahí­ su nombre), junto a un tercer nivel que actuaba de conducción, inmediatamente debajo del reactor. Así­, en caso de ruptura de alguna canalización, el vapor se verí­a obligado a circular por este nivel de conducción y escapar a través de una capa de agua, lo que reducirí­a su peligrosidad.


Ahora, después de la aniquilación, estas piscinas inferiores estaban llenas a rebosar con agua procedente de las tuberí­as reventadas del circuito primario y de la utilizada por los bomberos para apagar el incendio y en el vano intento de mantener frí­o el reactor. Y sobre ellas se encontraba el reactor abierto, fundiéndose lentamente en forma de lava de corio a 1.660 ºC. En cualquier momento podí­an empezar a caer grandes goterones de esta lava poderosamente radioactiva, o incluso el conjunto completo, provocando así­ una o varias explosiones de vapor que proyectasen a la atmósfera cientos de toneladas de este corio. Eso habrí­a multiplicado a gran escala la contaminación provocada por el accidente, destruyendo el lugar y afectando gravemente a toda Europa. Además, la mezcla de agua y corio radioactivos escaparí­an y se infiltrarí­an al subsuelo, contaminando las aguas subterráneas y poniendo en grave peligro el suministro a la cercana ciudad de Kiev, con dos millones y medio de habitantes, en una especie de sí­ndrome de China.

Se tomó, pues, la decisión de vaciar estas piscinas de manera controlada. En condiciones normales, esto habrí­a sido una tarea fácil: bastaba con abrir sus esclusas mediante una sencilla orden al ordenador SKALA que gestionaba la central, y el agua fluirí­a con seguridad a un reservorio exterior. Pero con los sistemas de control electrónico destruidos, esto no resultaba posible. De hecho, la única manera de hacerlo ahora era actuando manualmente las válvulas. El problema es que las válvulas estaban bajo el agua, dentro de la piscina, cerca del fondo lleno de escombros altamente radioactivos que la hací­an brillar tenuemente en color azul por radiación de Cherenkov. Justo debajo del reactor que se fundí­a, emitiendo un siniestro brillo rojizo.


Así­ pues, como las máquinas ya no podí­an, era trabajo para los bio-robots.Alguien tendrí­a que caminar, un paso detrás del otro, hacia el reactor reventado y ardiente a lo largo de un grisáceo campo de destrucción donde la radioactividad era tan intensa que provocaba un sabor metálico en la boca, confusión en la cabeza y como agujas en la piel. Viendo cómo tus manos se broncean por segundos, como después de semanas bajo el sol. Y luego sumergirse en el agua oleaginosa y de brillo tenuemente azul, con el inestable monstruo radioactivo encima de las cabezas, para abrir las válvulas a mano: una operación difí­cil y peligrosa incluso en circunstancias normales.

Ese era un viaje sólo de ida.

Al parecer, la decisión sobre quién lo harí­a se tomó de manera muy simple; con aquella vieja frase que, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre bastó a los héroes:

''Yo iré.

Los tres hombres que fueron.

Los dos primeros en ofrecerse voluntarios fueron Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov. Alexei Ananenko era un prestigioso tecnólogo de la industria nuclear soviética, que habí­a participado extensivamente en el desarrollo y construcción del complejo electronuclear de Chernóbyl: cooperó en el diseño de las esclusas y sabí­a dónde estaban ubicadas exactamente las válvulas. Casado, tení­a un hijo. Valeriy Bezpalov era uno de los ingenieros que trabajaban en la central, ocupando un puesto de responsabilidad en el departamento de explotación. Estaba también casado, con una niña y dos niños de corta edad.

Los dos eran ingenieros nucleares. Los dos comprendí­an más allá de toda duda que se disponí­an a caminar de cara hacia la muerte.

Mientras se poní­an sus trajes de submarinismo sentados en un banco, observaron que necesitarí­an un ayudante para sujetarles la lámpara subacuática desde el borde de la piscina mientras ellos trabajaban en las profundidades. Y miraron a los ojos a los hombres que tení­an alrededor. Entonces uno de ellos, un joven trabajador de la central sin familia llamado Boris Baranov, se alzó de hombros y dijo aquella otra frase que casi siempre ha seguido a la anterior:

''Yo iré con vosotros.


Era media mañana cuando los héroes Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se tomaron un chupito de vodka para darse valor, agarraron las cajas de herramientas y echaron a andar hacia la lava radioactiva en que se habí­a convertido el reactor número 4 del complejo electronuclear de Chernóbyl. Así­, sin más.

Ante los ojos encogidos de quienes quedaron atrás, los tres camaradas caminaron los mil doscientos metros que habí­a hasta el nivel ''0,5, dicen que conversando apaciblemente entre sí­. Qué tal, cuánto tiempo sin verte, qué tal tus hijos, a ti no te conocí­a, chaval, yo es que no soy de por aquí­. O parece que hoy vamos a trabajar un poco juntos, igual podemos acceder mejor por ahí­, yo voy a la válvula de la derecha y tú a la de la izquierda, tú ilumí­nanos desde allá, parece que va a llover, ¿no?, E incluso está bien buena la secretaria del ingeniero Kornilov, ¿eh?, ya lo creo, menudo meneo le arrearí­a, pues me parece que este año el Dinamo de Moscú no gana la liga. Esas cosas de las que hablan los bio-robots mientras ven cómo su piel se oscurece lentamente, se les va un poquito la cabeza debido a la ionización de las neuronas y la boca les sabe a uranio cada vez más, conteniendo la náusea, sacudiéndose incómodamente porque es como si un millón de duendes maléficos te estuvieran clavando agujas en la piel. Cinco mil roentgens/hora, llaman a eso.

Y bajo aquel cielo gris y los restos fulgurantes de un reactor nuclear, los héroes Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov se sumergieron en la piscina de burbujas del nivel ''0,5, con una radioactividad tan sólida que se podí­a sentir, mientras su camarada Boris Baranov les sujetaba la lámpara subacuática. Á‰sta estaba dañada y falló poco después. Desde el exterior, ya nadie les oí­a ni les veí­a.

Pero, de pronto, las esclusas comenzaron a abrirse, y un millón de metros cúbicos de agua radioactiva escaparon en dirección al reservorio seguro preparado a tal efecto. Lo habí­an logrado. Alguien murmuró que los héroes Ananenko, Bezpalov y Baranov acababan de salvar a Europa. Resulta difí­cil determinar hasta qué punto tení­a razón.


Hay versiones contradictorias sobre lo que sucedió después. La más tradicional dice que jamás regresaron, y siguen sepultados allí­. La más probable asegura que llegaron a salir de la piscina y celebrar su victoria riendo y abrazándose a los mismí­simos pies del monstruo, en el borde de la piscina; e incluso lograron regresar sus cuerpos, aunque no sus vidas. Murieron poco después, de sí­ndrome radioactivo extremo, en hospitales de Kiev y Moscú. Aún otra más, que se me antoja casi imposible, sugiere que Ananenko y Bezpalov perecieron, pero el joven trabajador Baranov pudo sobrevivir y anda o anduvo un tiempo por ahí­.

Esta es la historia de Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, los tres superhéroes de Chernóbyl, de quienes se dice que salvaron a Europa o al menos a algún que otro millón de personas en miles de kilómetros a la redonda un frí­o dí­a de abril. Fueron a la muerte conscientemente, deliberadamente, por responsabilidad y humanidad y sentido del honor, para que los demás pudiésemos vivir. Cuando alguien piense que este género humano nuestro no tiene salvación, siempre puede recordar a hombres como estos y otros cientos o miles por el estilo que también estuvieron por allí­. No circulan fotos de ellos, ni han hecho superproducciones de Hollywood, y hasta sus nombres son difí­ciles de encontrar. Pero hoy, veinticuatro años después, yo brindo en su recuerdo, me cuadro ante su memoria y les doy mil veces las gracias. Por ir.



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El Sacrificio, de Wladimir Tcherkoff.

Lectura recomendada:
La verdad sobre Chernóbyl, con prólogo del Premio Nobel Andrei Sakharov (1991), escrito por el ingeniero nuclear Grigory Medvédev, un profundo conocedor de este complejo electronuclear y de la polí­tica energética soviética. Incluye un relato exhaustivo del accidente y haciendo honor a su tí­tulo, es el que menos mentiras cuenta según mi opinión. Seguramente por ese mismo motivo, es el más difí­cil de conseguir. En España lo editó Heptada con el ISBN 84-7892-049-8; está agotado, pero siempre se puede intentar una llamada. En inglés fue editado con el ISBN 1-85043-331-3 (Tauris & Co, Londres) y está disponible aquí­.
De visualización necesaria:
El corazón de Chernóbyl. Seguramente, el mejor documental que se ha filmado sobre las consecuencias humanas del desastre. Desde dentro; tan dentro que la directora de la ONG que lo presenta sufrió envenenamiento por cesio-137 durante la realización. Durí­simo, pero absolutamente necesario. En inglés, disponible en YouTube: Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4. Si te apetece colaborar con esta ONG, puedes hacerlo aquí­.


Esta noche me pegaré un lingotazo de The Famous Grouse por la memoria de Ananenko, Bezpalov y Baranov. Desde hace muchos años he pensado que tendrí­an que tener un monumento en cada capital europea, como exponentes del sacrificio definitivo, en vez de tanto generalote a caballo hipertesticulado del que nadie se acuerda realmente.
Nunca digas que éste es mi último sendero
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Re: Chernobyl

Notapor Edu el Lun May 10, 2010 7:58 pm

¡Honor a ellos!

Me ha puesto la carne de gallina esta historia...
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Re: Chernobyl

Notapor Gus el Lun May 10, 2010 9:01 pm

Muy interesante poliorcetes, aunque muy triste :( Nunca sabremos cuanta gente murió o sufrio/sufre las secuelas de este terrible accidente :?

Me acuerdo bastante bien de este suceso para la edad que tení­a entonces (10 años recién cumplidos), de ver en la t.v. imágenes (muy pocas) de los equipos de extincion, de los helos arrojando la mezcla de arcilla, plomo, boro....

Desde aquí­, mi humilde recuerdo y agradecimiento para todos ellos.

Saludos
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Re: Chernobyl

Notapor Orel el Lun May 10, 2010 10:48 pm

Grandioso aunque triste relato.
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Re: Chernobyl

Notapor Starfish Prime el Mar May 11, 2010 12:50 am

Hay un grupo de ancianos de la zona que se negaron a abandonar las tierras y siguieron viviendo alli cultivando esa tierra radioactiva. Pues alli siguen y esa zona se esta convirtiendo en una reserva ecologica en la que hay toda clase de animales que no son molestados por los humanos.

Os recomiendo la web de Elena Filatova, una fotografa que lleva muchos años fotografiando el area perdida:

http://www.angelfire.com/extreme4/kiddo ... index.html
Si la fuerza bruta no soluciona tu problema es que no has empleado bastante.
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Re: Chernobyl

Notapor TYPHOOM7 el Mar May 11, 2010 11:34 am

la verdad es que la radioactividad sigue siendo un misterio. Se supone que allí­ no puede vivir nada ni nadie por los niveles tóxicos que hay, y sin embargo viven y aparentemente con buena salud.

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Hay una anécdota curiosa sobre el famoso cementerio de Vehí­culos. Al parecer y a pesar de la enorme contaminación que tienen los camiones y helicópteros, ha habido gente que han robado piezas para sus propios vehí­culos. Tambien saquearon casas buscando cualquier cosa valiosa. se supone que miles de elementos contaminados con radioactividad pululan por el mundo por mor de estas actitudes. De hecho en los altos Hornos de Algeciras hace ya algún tiempo, descubrieron chatarra radioactiva procedente de Ucrania cuando ya era demasiado tarde y la nube salió por las chimeneas.

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De Chernobyl lo que da miedo es ver la famosa noria. Digna de una novela de Stephen King. :?

En su dí­a Iker Jiménez en Cuarto Milenio hizo un reportaje bastante potable de cómo ocurrio el accidente. lo mismo ya circula por YouTube.

Buenas rachas de mistral...
Imagen Yo sobreviví a la Operación Malaya...
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