Las Campañas de Napoleón

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Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Dom Dic 20, 2009 9:41 pm

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.

En este hilo iré colgando distintas series de artí­culos sobre las diversas campañas comandadas directamente por el "Ogro Corso".

Espero que sean de vuestro interés, pues el trabajo me está llevando mucho tiempo.

Recomiendo desde aquí­ la visita a la siguiente página de donde he sacado muchos de los planos que utilizó de apoyo en los artí­culos (que tal vez me estén quedando demasiado largos.
http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20war%20index.htm

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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Dom Dic 20, 2009 9:42 pm

Pavia desde su base operacional de Ciaño.

Para abrir boca os dejo este mapa de la situación inicial de Europa cuando un joven General de Francia toma el mando del Ejército de Italia.


Como su tamaño harí­a la lectura de los artí­culos un tanto dificultosa dejo el enlace directo.
http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20pages/napoleon%20map%2001.htm


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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Dom Dic 20, 2009 9:44 pm

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.

NAPOLEí“N: LAS CAMPAí‘AS DE ITALIA.

En la siguiente serie de artí­culos trataremos la primera campaña que Napoleón Bonaparte dirigió con autonomí­a. Se podrí­a discutir si “la primera”fue el cerco de Toulon, pero, en mi opinión, en este cerco en que se enfrentó a rebeldes, ingleses y españoles, la presencia polí­tica de los dirigentes franceses era demasiado cercana para considerar sus actuaciones como “independientes”.

La base bibliográfica principal de estos artí­culos es el estupendo libro:

“LAS CAMPAí‘AS DE NAPOLEí“N”, de David Chandler, edit. La Esfera de los Libros, publicado por primera vez en inglés en 1966, y traducido y publicado en castellano en 2005 por Carlos Fernández-Vitorio y Francisco Fernández Vitorio.
Si se me permite decirlo es un libro básico para los apasionados del tema.
Imagen


Los artí­culos llevan por tí­tulo.
0º.- Previo: Orden de batalla del Ejército de Italia, 12 de abril de 1796.
1º.- Tomando el mando. Marco general de la campaña.
2º.- Dominar el Piamonte.
3º.- La batalla de Lodi.
4º.- Mantua.
5º.- Dos batallas. Caldiero y Arcola
6º.- Rivoli
7º.- ¡Hacia Leoben!
8º.- Consideraciones finales.


Espero que sean de su gusto.

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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Dom Dic 20, 2009 9:45 pm

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.

0º.- PREVIO:
ORDEN DE BATALLA DEL EJÉRCITO DE ITALIA, 12 DE ABRIL DE 1796.

“LAS CAMPAí‘AS DE NAPOLEí“N”, de David Chandler, edit. La Esfera de los Libros 2005, página 1137

CUARTEL GENERAL:
• General Bonaparte, comandante en jefe.
• General Berthier, jefe de estado mayor.
• General Chasseloup, jefe de Ingenieros
• Ciudadanos Cahauvet y Saliceti, intendentes generales
• Coronel Murat, capitanes Luis Bonaparte, Marmont, Sulkowsi y Junot, ayudas de campo (entre otros)

Unidad / Comandante Formaciones Contingentes
División Massena Div. La Harpe (70ª, 99ª, 14ª y 1ª brigada
Ligera y un batallón de la 21ª) 9.400
Div. Meynier
Brigada Ménard: 8ª ligera
y segundo batallón de la 21ª 3.400
Brigada Joubert: 51ª, 55ª y 3ª ligera 2.250
Brigada Dommartin: 84ª 2.970
_____
TOTAL 18.020
_____

División Sérurier Demi-Brigade 19ª, 46ª y 56ª 9.450
División Augereau Demi-Brigade 39ª y 69ª 6.200
Brigada Rusca 4 y 18 ligera 2.600
Caballerí­a: General Stengel 3.500
Artillerí­a e ingenieros 3.800
Divisiones Macquard et Garnier 6.800
Lí­neas de comunicación Div. Costeras 1ª, 2ª y 3ª 10.500
Demi-Brigade 16ª ligera 1.400
___________
TOTAL ABSOLUTO 62.270


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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Dom Dic 20, 2009 9:46 pm

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.

1º.- TOMANDO EL MANDO. Marco general de la campaña

Niza, 27 de marzo de 1796. El desanimado ejército francés de Italia está formado para recibir a un pequeño general enviado desde Paris con una misión clara: recomponer las maltrechas lí­neas francesas frente a la inminente ofensiva de los austriacos y aliados.
El espectáculo es desolador. Los soldados de tienen un aspecto lamentable: harapientos, hambrientos, con sus ideales revolucionados perdidos en el oscuro agujero que es su estómago, hartos de no recibir el dinero que se les debe. Y ahora tienen ante ellos al “héroe de Toulon”, que para nada les impresiona. ¿Qué puede hacer aquel enano corso para remediar su situación?
Sin embargo, las palabras del joven general captan su atención: nada de misiones republicanas de expansión de sus ideas revolucionarias, nada sobre los derechos humanos implantados por la República… “¡Soldados!”habla Napoleón “tenéis hambre y estáis desnudos. El gobierno os debe mucho dinero pero no puede pagaros nada. La paciencia y el coraje que habéis demostrado en medio de estas rocas son admirables, pero no os reportan gloria alguna '' ni siquiera os alcanza el más mí­nimo de sus destellos-. Os voy a conducir a las llanuras más fértiles de la tierra. Ricas regiones y ciudades opulentas estarán a vuestros pies. Allí­ encontraréis el honor, la riqueza y la gloria. ¡Soldados de Italia! ¿Acaso os van a faltar el calor y la fortaleza?”

Imagen
Retrato de un joven Napoleón


Dejando a un lado la veracidad o no de estas palabras (recordadas por el ogro corso desde Santa Elena, ergo poco fiables), está claro el mensaje. Tenéis hambre y frí­o, pues bien seguidme que vamos a saquear Italia, y pobre del que se nos interponga.

La distribución estratégica de los soldados franceses no es precisamente buena. Dispersos en pequeños contingentes, expuestos a los ataques de la flota británica comandada por el cuasi-mí­tico Nelson, de los bandoleros (que no guerrilleros, eso aparecerí­a en España años más tarde) “barbas”, y de las tropas austriacas y piamontesas superiores en número aunque, afortunadamente, con un despliegue muy poco ofensivo. Los suministros del ejército padecí­an del mal endémico de la corrupción institucionalizada, ya que dependí­an de los civiles. Poco podí­an conseguir los soldados de las esquilmadas laderas rocosas del Piamonte, así­ que las promesas de avanzar por veraces valles, entrando a saco en ricas ciudades debió de parecerles francamente “interesantes”. Ya que habí­a que morir, al menos que fuera con el estómago y los bolsillos llenos.
Desde su fundación como ejército independiente en 1.792 con unos 106.000 soldados habí­a visto sus filas clarear y llegar pocos refuerzos. Cuatro años más tarde, en el momento de la sustitución de Schérer por Napoleón, deserciones, bajas y muertes habí­an menguado los efectivos a 63.000, de los cuales solo 37.000 estaban en formaciones de batalla inmediata con 60 cañones. Además ni soñar con reemplazos que la República dedicada por sistema a la lucha en la Selva Negra.

Si embargo Napoleón se siente motivado, esos son sus hombres y ahora está demasiado lejos de Paris como para que los polí­ticos se interpongan. Se sabe superior, con su carácter corso latiendo en sus venas en plena efervescencia, y comprende que todo su estudio sistemático del arte de la guerra (siempre lee todo lo habido y por haber sobre el territorio en el que va a combatir, y sobre las técnicas y estrategias militares) le confiere una ventaja sobre los generales de origen aristocrático a los que se enfrentará, demasiado mediatizados por los lentos sistemas de avance estratégicos e incluso táctico de sus ejércitos.
Por mediación de Berthier (que con el paso de los años será su imprescindible jefe de estado mayor) reúne a sus tres generales al mando el 27 de marzo.
Sérurier. 53 años, adusto, formado en el antiguo Ejército Real. Metódico y defensor de la disciplina férrea. Virtudes militares no muy altas.
Augereau: 38 años, aventurero, desertor de la Caballerí­a Real, luchó en el ejército ruso contra los turcos, en la Guardia de Federico el Grande, maestro de esgrima en Dresde… En 1.792 regresa a Francia donde es nombrado ¡general! Toda su vida hablarí­a como en los bajos fondos de Paris, lo que sin duda le daba un aspecto cercano a sus hombres. Tan hábil para localizar los puntos débiles del enemigo como para conseguir un buen botí­n (lo que le meterá en muchos lí­os innecesarios).
Massena: 38 años, habí­a servido junto a Napoleón en Toulon. Contrabandista de joven en las montañas de Sabaya, después de licenciarse del ejército donde tení­a grado de alférez, regresa en 1.792 ingresando en el ejército revolucionario, siendo ya en 1.795 un famoso general al mando del Ejército de Italia (vencedor en la Batalla de Loano). Puntos flacos: el dinero y las mujeres. Con el paso del tiempo serí­a unos de los generales en los que Napoleón más podrí­a confiar.

Junto a ellos formarí­an al mando del ejército hombres a los que Europa pronto aprenderí­a a temer. Berthier (ya mencionado), el joven oficial de caballerí­a gascón Murat, Junot (sargento en Toulon, comandante en Italia), Luis Bonaparte y el joven de 22 años Marmont.
El Directorio no querí­a que Italia se convirtiera en un escenario principal, por ello abogaba por una guerra ofensiva de flanco: tení­a que pacificar el norte de Italia, distrayendo efectivos austriacos al frente principal del Rin. Después avanzar hacia el Tirol donde se unirí­a a Moreau, para avanzar con el grueso del ejército francés hacia Viena… cosa que napoleón decidió hacer a su manera, vamos, atacando se defiende uno mejor. Sus opciones reales eran estas: adentrarse en los Alpes y dejar morir de hambre a sus hombres o lanzarse sobre las veraces llanuras de Lombardí­a y el rí­o Po.
El dispositivo austriaco en esta zona parecí­a un inmenso cuadrilátero: al Norte los Alpes y como vértices principales Génova, Milán y Mantua. Hacia el dominio de esta zona será hacia donde Napoleón dirigirá todos sus esfuerzos.
Para ello aprovechará el creciente descontento de los diversos principados italianos frente a la ocupación austriaca, la frágil posición de Ví­ctor Amadeo de Saboya, al que cree que podrá forzar militarmente a abandonar su alianza con Austria, liberando su flanco terrestre.
Sin embargo la combinación de los ejércitos austriacos, de conseguir aunarse, sin duda demolerí­a cualquier esfuerzo francés ahogado por la abrumadora superioridad numérica de los ejércitos de Viena y aliados.

El ejército Austriaco estaba al mando de Beaulieu, 72 años, competente pero con la iniciativa constreñida por la enervante intromisión del Consejo Áulico de Viena. Contaba con tres ejércitos a su mando.
• Directamente a sus órdenes 19.500 hombres, pero dispersos en guarniciones con centro en Alessandria (casi la mitad), y el resto al mando de los generales Pitón y Wukassovitch teóricamente aprestados para el combate.
• Argenteau, con 11.500, concentrados alrededor de Acqui (pero pareciendo un inmenso rosario entre Carcare y Genova.
• Colli con 20.000 piamonteses apoyados por un destacamento austriaco al mando de Provera. Diseminados en la lí­nea desde Cuneo hasta Ceva y Cosseira, vigilando los pasos occidentales por los que los franceses podrí­an entrar en Piamonte.

También habí­a 20.000 piamonteses en Turí­n, al mando de Corrigan, pero que “cuidaban”las posiciones francesas en los Alpes (el general francés al mando de ese ejército era Kellermann. Se anulaban mutuamente, con lo que sus posiciones se mantendrí­an fijas no interviniendo directamente en la campaña.
El ejército de campaña francés contaba con 37.000 soldados (famélicos y con pocos pertrechos) para hacer frente a los diseminados 52.000 soldados austriacos y piamonteses. Si conseguí­an concentrar sus fuerzas contra los franceses estos estarí­an perdidos, pero su dispersión y la desconfianza entre los mandos aliados serí­a un pesado lastre que Napoleón sabrí­a explotar.
http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20pages/italian_central_position.htm

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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Lun Dic 21, 2009 2:17 pm

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.


2º.- DOMINAR EL PIAMONTE

El primer movimiento estratégico del genio corso será eliminar de la contienda al Piamonte, y eso en contra de los consejos del Directorio que opinaban que se deberí­a de tratar con guante blanco a Ví­ctor Amadeo. Tras observar los mapas concienzudamente, el despliegue de los aliados, opta por avanzar hacia Carcare, punto de unión de los dispositivos piamonteses y austriacos (esto de atacar en las uniones de los ejércitos será una constante napoleónica). Los movimientos se iniciarí­an el 15 de abril: El objetivo será anular a Colli, manteniendo a raya a Argenteau en Dego. La base de la operación será la velocidad y la sorpresa.
El avance principal, encabezado por Massena, se producirí­a por el puerto de Cadibona. Sus tropas se unirí­an a las de Argenteau que vení­an desde Finale, para lanzar un ataque simultáneo contra Carcare. 24.000 hombres concentrados en el punto crí­tico. Napoleón, tras un estudio poco menos que cientí­fico, calculó que los coaligados apenas podrí­an oponerse con 11.000 hombres en Dego al mando de Argenteau, y no más de 12.000 entre Ceva y Carcare al mando de Colli. Una gran oportunidad de victoria que no iba a desaprovechar. Además confiaba en que las maniobras de divertimento que iniciarí­an Sérurier desde Ormea subiendo por el valle de Tanera, distraerí­a efectivos de Colli. A ello se unirí­a los avances de los pequeños cuerpos de Macquart y Garnier por el puerto de Tende hacia Cuneo. Para rematar las maniobras de finta La Harpe avanzarí­a por la costa mediterránea hacia Sassello, donde se unirí­a a Cervoni en la cercaní­a de Voltri, dando la sensación de avanzar hacia Génova.

Los planes se han de adelantar al dí­a 10 cuando los austriacos, en un movimiento del todo inesperado, inician un ataque contra Voltri. Sin embargo la ofensiva austriaca pronto cae en una confusión horrible, con lo que los franceses deciden atenerse a su plan original (con ligeros cambios) tomando la iniciativa.

Las escaramuzas se convierten el 12 de abril en pequeñas batallas campales. 9.000 franceses se enfrentan a 6.000 austriacos de Argenteau en Montenotte. La Harpe ordena ataque frontal contra la posición, mientras Massena, tomando el mando personal de una brigada, rodea el flanco izquierdo austriaco. La consecuencia es la desintegración austriaca. Al amanecer del dí­a siguiente solo 700 austriacos están bajo el mando de Argenteau, por lo que opta por retirarse lo más rápido posible para reorganizar sus tropas. Los mosquetes capturados irán a parar a las manos de los “desarmados”hombres de Augereau (la intendencia francesa llevaba dí­as de retraso).
En el análisis táctico del encuentro señalar que la combinación de las formaciones en columna francesas, precedidas de nubes de tiradores, se impusieron a las rí­gidas tácticas de lí­nea austriaca. Hay que señalar que esta toscas tácticas francesas (poco sutiles y débiles ante el fuego de artillerí­a) se irí­an afinando con el tiempo, según las tropas adquirí­an experiencia (muy pocos de los reclutas franceses habí­an recibido una adecuada instrucción). El élan francés se imponí­a a las tácticas heredadas de Federico el Grande (eso y la superioridad numérica en el campo de batalla, por lo que hay que considerar a Napoleón como un brillante estratega y un hábil táctico. De facto el corso no se preocupaba de las tácticas a adoptar por sus brigadas, dejando esto a la iniciativa de sus subordinados, lo que en ocasiones demostrarí­a no ser acertado al provocar bajas innecesarias entre sus soldados).
La caballerí­a francesa estaba mal montada y peor instruida. Pero en ella estaba el germen de una decidida y a menudo brillante oficialidad, sobretodo en la persecución. Hombres como Murat, Lasalle, Grouchy y Milhaud harí­an de ella un arma a tener en cuenta. Se dividí­an en unidades pesadas (para el cuerpo a cuerpo), dragones (capaces de luchar a caballo y, teóricamente, a pie), y ligera (reconocimiento, cobertura y persecución)
La artillerí­a sí­ que era formidable, dada a una acertada organización, investigación y desarrollo que hundí­a sus raí­ces de forma efectiva en el periodo monárquico. Sin duda aquí­ sí­ que llevaban una clara ventaja tecnológica y de táctica sobre sus enemigos. En la misma circunstancia de ventaja se encontraban los ingenieros, tropas mimadas en el antiguo régimen, que mantuvieron su eficacia en la República.
El olvidado era la intendencia, de facto los ejércitos napoleónicos debí­an de vivir sobre el terreno.

Volviendo a lo que nos ocupa, es decir la derrota del Piamonte.
A pesar del éxito inicial obtenido Bonaparte se enfrenta a un duro problema. Tení­a que inclinarse entre perseguir a las tropas austriacas o bien mantener su plan original, abalanzándose sobre los ahora aislados hombres de Colli. Opta por lo segundo. Deja a Massena para asegurar Dego, con efectivos menores a una división, mientras el resto junto a las tropas de Sérurier (en Ormea) avanzarí­an hacia Ceva. De esta manera reunirí­a unos 25.000 hombres para enfrentar a los piamonteses. Como medida de precaución quedarí­an en Cascare unos seis batallones y toda la caballerí­a de Stengel formando un “a modo de reserva central”, un “apagafuegos”de posibles crisis.
Esto fue una acertada decisión, ya que hacia el 13 la situación se tuerce peligrosamente, cuando el avance hacia Ceva fue detenido por la valerosa acción de 900 granaderos austriacos en las ruinas del castillo de Cosseria. Mientras en Dego, el confiado Massena, se encontró con que la ciudad estaba ocupada por una considerable fuerza enemiga. Napoleón se ve obligado a desplazarse personalmente para inspeccionar la gravedad del problema surgido “in situ”. Massena se niega a atacar mientras Provera no sea reducida, lo que no se consigue, con lo que el corso opta por dejar una brigada custodiando los accesos al maltrecho castillo y enví­a el resto de las tropas a Massena para que inicie un decidido ataque.
Después de un vigoroso ataque cerca de 5.000 austriacos y 19 cañones son apresados en Dego. A la par llegan noticias de la rendición de Cosseria, con lo que queda franco el camino hacia Colli. Rápidamente deja el mando de nuevo a Massena, yendo hacia el oeste con La Harpe, al encuentro de Sérurier al que supone en las cercaní­as de Ceva.

Sin embargo Massena comete un grave error: deja que sus tropas se dispersen en busca de botí­n siendo sorprendidas por una fuerza austriaca al mando de Wukassovitch compuesta por cinco batallones. Arrollan a los franceses e incluso las malas lenguas llegaron a afirmar que el propio Massena estuvo a punto de ser capturado cuando hubo de huir en camisón del lecho de una “amoureuse”(una puta vamos). Sus tropas huyen dejando atrás todos sus cañones y la población de Dego de nuevo en manos austriacas. Señalar que el movimiento austriaco fue casual, pues desconocí­an lo ocurrido previamente en la localidad, que suponí­an en su poder.
Imagen
General Massena, a veces un tanto peduliar.


De nuevo Bonaparte a de posponer el avance sobre Ceva. Vuelve sobre sus pasos con las tropas de la reserva y de La Harpe, costándole mil bajas recuperar el pueblo. La consecuencia de todas estas idas y venidas fue que la intendencia francesa quebró. Sus soldados estaban al borde de la inanición. O salí­an de aquel laberinto montañoso o simplemente perecerí­an de hambre. Afortunadamente los austriacos no se veí­an con capacidad para asaltar las expuestas ví­as de comunicación francesas. La voluntad de lucha de Beaulieu habí­a quedado muy menguada por la pérdida de 10 batallones, y el cansancio de la vejez en estos intensos dí­as menguaba su ardor. Se quedó pues en las inmediaciones de Acqui esperando un 2posible2ataque francés.
Napoleón reacciona con rapidez. Deja en Dego a Le Harpe y enví­a a Massena a Mombarcano. Por su parte traslada el cuartel general a Millesimo. Augereau y Sérurier han reunido unos 24.000 hombres en Ceva con los que atacar a los 13.000 solados del Piamonte de Colli. Sin embargo las tropas piamontesas consiguen zafarse antes de ser cercadas, formando una sólida posición en la confluencia de los rí­os Tanaro y Corsaglia.
Desengañado y tanto enfadado por la falta de decisión de sus generales el corso ordena a sus hombres perseguir a los piamonteses, ordenando a Sérurier un ataque frontal mientras Augereau tratar de flanquearlos desde la orilla oriental del Tanaro. La precipitación condujo al fracaso. Escasos de artillerí­a y sin conseguir coordinación entre las distintas unidades asignadas las tropas francesas acumulan bajas en infructuosos asaltos que son repelidos con firmeza. Cuando por fin consigue reunir tropas y artillerí­a suficientes Colli y sus hombres han vuelto a escabullirse, refugiándose en Mondovi. Stengel, temiendo la reprimenda de Napoleón, se lanza en una furiosa persecución al mando directo de su caballerí­a, pero resulta mortalmente herido cesando el Á­mpetu francés. Fue una grave pérdida, pues además de ser el general de caballerí­a más veterano era francamente un oficial de campaña muy competente sino brillante.
Sin embargo no tendrán tiempo de fortificar los hombres del Piamonte la ciudad. Sérurier, poniéndose a la cabeza de sus columnas y ejemplarizando a sus hombres (recordemos que era casi un anciano), lanza un osado ataque frontal. El ardor del general y soldados franceses desequilibra a los piamonteses que han de huir, dejando intacto un enorme arsenal y provisiones que llenaran los estómagos y cartucheras de los famélicos franceses.
Desde Mondovi las fértiles llanuras del Piamonte se abren ante los ojos del Ejército de Italia. El 23, sin permitir un descanso, inicia el avance hacia Turí­n. Nada más recibir noticias de ello Colli solicita condiciones de paz. La voluntad de lucha del Piamonte a sido quebrada. Napoleón ordena un avance aún más rápido, en lo que parece una alocada y peligrosa carrera. Pero su instinto le dice que en el Piamonte ya no hay nadie dispuesto a plantarle cara. Los emisarios piamonteses se ven obligados a ceder ante las duras condiciones que Napoleón les impone.
El rí­o Stura será considerado la lí­nea de demarcación, quedando las fortalezas de Ceva, Cuneo y Tortona bajo mando y ocupación francesas (si Tortona estuviera en manos austriacas el gobierno de Turí­n tendrí­a que entregar a cambio Alessandria). Los franceses, así­ mismo obtení­an derecho de paso por su territorio así­ como permiso para cruzar el Po por Valenza. Este armisticio es firmado por el monarca de Saboya mientras sus aliados austriacos se baten en rápida retirada hacia el rí­o Agogno, el dí­a 28 de abril, es el Tratado de Cherasco.
Tras una campaña relámpago de diez dí­as Napoleón ha terminado forzando la rendición del estado piamontés. Ahora sus ojos se posan en atacar al ejército austriaco que apresuradamente se está concentrando en el valle del Po.


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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Mié Dic 23, 2009 10:46 am

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3º.- LA BATALLA DE LODI

http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20pages/italian_pursuit_po.htm
Mapa de la persecución hacia el Po

Tras la rendición piamontesa Napoleón da un breve respiro a sus tropas. Aprovecha este momento para concentrar más efectivos que han quedado liberados llamando a los generales Macquart y Garnier y pidiendo más refuerzos al Directorio, sobretodo los 10.000 hombres que con Kellerman están encuadrados en el ejército de los Alpes.
Por su parte el General austriaco Beaulieu se siente pesimista: acumula unas 6.000 bajas de un ejército inicial de 30.000 soldados. Por ello decide iniciar la retirada a la orilla septentrional del Po. Napoleón no se mostrará dispuesto a ello.

Ordena el joven general francés que sus hombres se concentren entre las ciudades de Tortona, Alessandria y Valenza. Consigue reunir alrededor de 40.000 soldados, a la par de poner en buen funcionamiento la carretera del puerto de Tende, básica para mantener abierta la comunicación con Francia.
El principal problema que se le plantea es cómo y por donde cruzar el Po, ya que carece de unidades de pontoneros y, de ser sorprendido en pleno cruce, el ejército austriaco tení­a capacidad suficiente para aniquilar a sus tropas.
Las opciones barajadas son tres:
1ª.- Valenza
Pro: los piamonteses garantizaban el derecho de paso por Cherasco.
Contra: estaba a la altura del grueso austriaco, que de girar hacia ellos los pondrí­a en un difí­cil brete.
2ª.- Sur de Paví­a
Pro: Los situaba a un paso de la retaguardia austriaca.
Contra: de nuevo demasiado cerca del dispositivo central austriaco.
3ª.- Piacenza
Pro: le deja cerca de Milán y le permite pasar sin apenas lucha la tres lí­neas defensivas principales de Beaulieu
Contra: el rí­o es profundo y ancho en esta zona.

Se decide por la tercera opción, en la que la velocidad y la sorpresa son la base del éxito, pero que, de lograse, obligarí­a al general austriaco a retirarse rápidamente o, en el mejor de los casos positivos, coparí­a al grueso de las fuerzas de Austria.

Massena y sérurier reciben la misión de crear diversiones, amagando el cruce por Valenza. Mientras una fuerza de élite (corps d'élite) formado por 3.600 granaderos extraí­dos de las unidades de todo el ejército y de 2.300 jinetes, al mando del general Dallemagne, forzarí­a el cruce por Piacenza. Tras ellos como primer escalón de apoyo marcharí­an La Harpe y Augereau, y posteriormente marcharí­a todo el ejército en dirección este.

Entre el 5 y el 6 de mayo los franceses cruzan el rí­o, pero, debido a un repliegue previo de los austriacos, estos son capaces de responder con mayor premura de la esperada, concentrando para el dí­a 7 a los hombres de Liptay y Wukassovitch, amén del propio Beaulieu. Largas columnas de austriacos se concentraban contra la aún débil cabeza de puente francesa.

Dallemagne, por su parte, mantení­a una actitud ofensiva, haciendo retirase a las unidades austriacas hacia la población de Fombio, donde, tras un asalto, el dí­a 8 consiguen dispersar a las fuerzas de Liptay en un combate donde los franceses mostraron un gran empujo y valor (élan). Lanzado en la persecución al anochecer chocó contra los refuerzos de Beaulieu en Codogno, una confusa acción nocturna, donde La Harpe resultó herido de gravedad por sus propios hombres, que perdí­an un excelente mando en el peor momento. Solo la oportuna apropiación del mando por un recién llegado Berthier, les permitió recuperarse y hacer retroceder a los austriacos. Beaulieu, descorazonado, ordena la retirada hacia Lodi.

Napoleón puede concentrar su ejército sin más estorbos, que para el 9 ya está concentrado. La caí­da de Milán es segura. Pero para dominar todo el valle del Po y hacerse con Mantua ha de derrotar aún de manera decisiva al ejército austriaco. Así­ que Napoleón literalmente empuja a sus fuerzas hacia Lodi, a donde llegan tras una extenuante marcha el amanecer del 10 de Mayo (todo un prodigio para la época). Al mando de Sebottendorf 10.000 austriacos guarecen la zona. La totalidad del ejército austriaco se encuentra en al otra orilla del rí­o Adda. Varios batallones bien atrincherados y con un buen número de piezas de artillera protegen el paso del puente de Lodi.
Napoleón en persona supervisa las operaciones para forzar el cruce, situando personalmente la artillerí­a de apoyo. El primer asalto es rechazado. Pero el segundo asalto, en el que Massena, Dallemagne, Cervoni y Berthier participan en primera lí­nea, consigue su objetivo. Los gritos de “Vive la République”resuenan en las trincheras recién ocupadas. Sebottendorf, a punto de ser cercado, inicia la retirada para salvar a sus hombres. En esta acción perecen unos 200 austriacos, dejando 1.700 prisioneros y 16 cañones. Los franceses tienen al menos 350 bajas.

Sin embargo Bonaparte está decepcionado, una vez más Beaulieu ha conseguido huir de sus garras. Sin embargo en Lodi napoleón se gana el alma de sus hombres, por su decisión y valor (en varias ocasiones está a punto de ser herido bajo fuego enemigo). Le dan el apelativo cariñoso de “Le Petit Caporal”.

Cinco dí­as después de la batalla de Lodi Napoleón es recibido en loor de multitudes en Milán 8pronto cambiarí­an de idea al comprobar la “amistosa”intensidad de los desmanes y saqueos de los franceses.

La campaña prosigue, con algún que otro sobresalto, como las insurrecciones de Paví­a y Milán, que han de ser ahogadas en sangre. O como la ocasión en que Napoleón está a punto de ser capturado en Vallegio, huyendo con una sola bota y saltando de tapia en tapia. De este incidente parte su idea de crear una escolta permanente, el germen de la futura Guardia Imperial. Al principio la unidad creada recibe el nombre de Guí­as, unidad de veteranos encargada de su seguridad personal, 200 hombres al mando del por entonces capitán Bessií¨res, constituyendo el núcleo del que será Régiment de Chasseurs-í -Cheval de la Guardia Imperial.
Imagen
Jean Baptiste Bessií¨res

Sucesivamente caen Borgheto (tras dura pugna), Peschiera, Castel Nuevo y Verona, mientras se pone cerco a la ciudad fortaleza de Mantua. Beaulieu es obligado a retirase a orillas del lago Garda y posteriormente hacia Trento.

A pesar de los grandes avances territoriales la posición francesa no es ni mucho menos segura. El ejército austriaco no ha sufrido una derrota decisiva, y su potencial se puede reforzar con facilidad. Mientras Napoleón solo consigue 10.000 hombres del Ejército de Kellerman. En los siguientes meses a los franceses les costará mantener el control del territorio, en el que la población se muestra descontenta. A parte, varios ejércitos austriacos intentarán romper sucesivamente el cerco de Mantua. Napoleón habrá de demostrar ahora sus dotes a la defensiva.


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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor polluelo el Jue Dic 24, 2009 1:18 am

Un tema interesante donde los haya, por lo menos para mi porque Napo siempre ha sido de mis favoritos.

Aunque no intervenga que sepas que voy a leer todo lo que escribas.
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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Jue Dic 24, 2009 9:12 am

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.

4º.- MANTUA.

En las siguientes semanas las fuerzas francesas se ven involucradas en varios combates menores, labores policiales para hacer frente al descontento de la población del lugar. Algunas de estas acciones son realmente sangrientas. Con ello se busca dar un aviso: enfrentarse a la Republica francesa no es buena idea.
Por otra parte las fuerzas francesas inician el asedio de la ciudad fortaleza de Mantua, lo cual no resulta nada sencillo.
La situación táctica para los franceses no es nada sencilla. Mantua estaba protegida por tres lagos en sus sectores norte y este, mientras unos insanos pantanos protegí­an sus sectores sur y oeste. Además la carretera de Legano, la mejor ví­a de acceso, está protegida por una imponente serie de fortificaciones y torres, la más importante es la ciudadela de San Jorge.
Para el tres de Junio la ciudad está por fin cercada por las tropas de Sérurier y Augereau, a los acompañan Lannes, Dallemagne, y la caballerí­a de Kilmaine.
http://napoleonuniforme.free.fr/lesgrandesbatailles/pages_batailles/mantoue.jpg
Ciudad Fortaleza de Mantua



Sin embargo los imperativos polí­ticos del Directorio harán que este dispositivo se vea mermado en gran medida al ordenar un avance que amenace a los Estados Pontificios. Napoleón, aún sin la suficiente fuerza polí­tica, ha de obedecer. Con lo que el cerco queda en manos de Sérurier (esto hace que el cerco sea poco menos que simbólico).
Un una rápida sucesión de encuentros, que concluyen con un duro encuentro en Urbano, el Vaticano cede y firma un armisticio (que le sale caro). El resto de los principados italianos, sin el apoyo del Papa, poco pueden hacer para enfrentarse a los franceses.
Lo mejor para el bando francés fue hacerse con un fuerte tren de armas de asedio en las diversas fortalezas del Vaticano y Toscaza que se han rendido. También hay que señalar la toma del puerto de Livorno, importante punto de apoyo a la Navy británica en el mediterráneo.

Sin embargo al poco de la llegada del imponente tren de asedio funestas noticias fuerzan el repliegue francés, abandonando gran número de cañones, que tanto trabajo habí­a costado reunir. El 31 de Julio el primer cerco se pueda dar por terminado. La razón es la llegada por el norte de una fuerza austriaca de 25.000 hombres al mando del conde Wí¼rmser, que releva a Beaulieu. En total la fuerza austriaca, reunida alrededor de Trento, es de 50.000 hombres, aunque los veteranos de la campaña no tení­an una moral muy alta.
El ejército de Austria avanza en tres columnas, por cada orilla del lago Garda y al este por el valle del Brenta. Obligan a retroceder en una serie de encuentros de avanzada a las tropas de Massena. En rápida sucesión se hacen con Corona y Rivoli. Las comunicaciones con Milán y Verona están prácticamente cerradas. Sin embargo los austriacos son incapaces de concentrarse, con lo que napoleón podrá enfrentarlos por separado.
Se centra en atacar a una columna de unos 18.000 hombres al mando de Quasdanovitch, en Lonato, mientras se enfrenta a la vanguardia de Wí¼rmser en Castiglione. Estas acciones tienen lugar el tres de agosto.
http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20pages/napoleon%20map%2005.htm
Mapa de la campaña

Imagen
Otra imagen de la misma batalla.


Vencido Quasdanovitch, que se retira, y detenido Wí¼rmser, los franceses se centra en el segundo. El 5 de agosto, tras extenuantes marchas, los franceses en número de 30.000 se enfrentan a los 25.000 hombres de Wí¼rmser en Castiglione. El austriaco retrocede hacia Valerio, y los franceses, cansados, no pueden perseguirle. El 7 los franceses retoman Verona, pero los austriacos son inalcanzables. Además, en su retirada, rápida pero ordenada, consigue enviar sustanciosos convoyes de suministro a Mantua, así­ como a dos bridazas de refresco. Wí¼rmser se puede sentir parcialmente satisfecho a pesar de haber sido rechazado.
En el frente alemán el Directorio ordenó un avance general que, en cierta medida tuvo éxito, a la par que ordenaba al ejército de Italia amenazar la ruta de Viena. Napoleón, a pesar de la debilidad de su ejército, que precisaba descanso, instrucción y refuerzos, acata la orden.
Deja 10.000 hombres para cercar de nuevo Mantua, 3.000 hombres en Verona para cubrir posibles ataques desde Trieste, mientras se pone al mando de 33.000 hombres camino de Trento, para unirse después en el rí­o Lech a Moreau a fin de destrozar a Wí¼rmser. Pero éste no habí­a permanecido pasivo y para el entonces bajaba por el valle del Brenta. Napoleón, a pesar de los éxitos iniciales que estaba cosechando, ha de dar media vuelta para enfrentarse a esta amenaza sobre sus comunicaciones y el cerco de Mantua.
Para el 6 de septiembre es el propio Wí¼rmser el que esta en el brete de verse cercado, al tomar Augereau el paso de Primolano, mientras después de 100 km. de espectacular marcha el Ejército de Italia está a la altura de Cismona. El 18 de septiembre las tropas de austriacos sufren una grave derrota en las afueras de Bassano. La persecución de la caballerí­a francesa comandada por el gascón Murat es terrible. Wí¼rmser se queda con solo 3.500 hombres a su mando, que aumenta a 16.000 al encontrase con la avanzada comandada por Meszaros. Sin embargo el austriaco no se da por vencido y avanza hacia el Adagio, en vez de dirigirse al arsenal de Trieste, lo cual parecí­a más lógico para un ejército derrotado. Cruza el rí­o sin oposición el dí­a 10. Los austriacos van hacia Mantua. Tras arrollar las avanzadas de Massena cerca de Castello, entrando en Mantua el 12 septiembre. La guarnición de la fortaleza es ahora de 23.000 hombres.
Sin embargo este refuerzo será a la larga poco beneficioso, ya que el dispositivo francés es fuerte y las salidas no consiguen nada. Sin embargo al gran número de bocas a alimentar merma con rapidez los graneros y almacenes de la ciudad. Para año nueva se calcula que unos 150 hombres morí­an al dí­a por enfermedad en la ciudad.
El asedio de la ciudad se harí­a ahora más férreo que nunca.



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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Vie Dic 25, 2009 10:37 am

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.


5º.- DOS BATALLAS. CALDIERO Y ARCOLA.

Los acontecimientos en el frente alemán vuelven a ir mal para la República, el Archiduque Carlos ha devuelto a la orilla occidental del Rin a los ejércitos franceses. El ejército de Italia se ve afectado por ello, ya que los reemplazos llegan con cuentagotas.
Al inicio de noviembre los franceses tienen nominalmente unos 41.000 soldados, de ellos al menos 14.000 rebajados de servicio por enfermedad, y unos 9.000 en el cerco de Mantua.

El dispositivo francés en estos momentos es el que sigue.
Vaubois con 10.000 soldados en Lavis, bloqueando los accesos al Lago Garda.
Massena acuartelado en Bassano.
Kilmaine con 9.000 hombres cercando Mantua.
Cuartel General de napoleón en Verno, en el centro del dispositivo formado por los otros tres. Con él, a modo de reserva, la división de Augereau.

Sin embargo durante el mes de noviembre lo que más preocupa es la actitud de los italianos que mantienen en tensión a las fuerzas francesas que han de hacer labores de policí­a y represalia. Pero estas preocupaciones se tornaron en menores cuando un nuevo contingente austriaco fue detectado.

46.000 hombres al mando de Joseph D'Alvintzi hacen su entrada. Divididos en dos entre él mismo y Davidovitch tiene por objetivo recuperar Bassano y Trento. El principal señuelo es el de los 28.000 hombres de D'Alvanti, que espera atraer al grueso francés dejando expedito el camino para que Davidovitch y 18.000 hombres tomaran Trento.

Napoleón parece seguir los planes austriacos, concentrándose en Verona para atacar desde allí­. Ordena Vaubois avanzar sobre las que cree escasas tropas de Davidovitch para derrotarlas. Sin embargo para el 5 de noviembre está claro que sus escasas tropas bastante harán con despegarse de los austriacos antes de ser aniquiladas.
Napoleón reacciona con premura. Ordena a Vaubois que no retroceda y resista en lo posible a Davidovitch, mientras asalta al núcleo austriaco. Confí­a en derrotarlos y cerrar la retirada de Davidovitch desde el valle de Brenta. Sin embargo Massena está en apuros ya que no consigue ralentizar el avance de D'Alvintzi. Además el 6 de noviembre Vaubois es expulsado de Trento recibiendo un severo castigo que pone a sus tropas en fuga, consiguiendo reorganizarse en cierta medida en Rivoli.
Nuevo cambio de planes a la vista de los acontecimientos. Massena y Augereau tendrán que detener a D'Alvintzi mientras Joubert se encamina a Rivoli aumentando las fuerzas de Vaubois hasta 13.000 soldados. Sin embargo el 7 de noviembre el propio Napoleón hace acto de presencia ya que la indisciplina de los soldados es alarmante. Su presencia calma los ánimos. Por suerte para él Davidovitch, inexplicablemente, ha caí­do en la más absurda pasividad.
Esto le permite concentrarse de nuevo en D'Alvintzi. El austriaco estaba reuniendo sus tropas en torno a Caldiero. Un tanto apresuradamente Napoleón carga contra él con 13.000 hombres al mando de Massena. Son derrotados en toda regla, perdiendo los franceses más de 2.000 hombres y al menos dos cañones (escasos en número). Los franceses, desmoralizados, se retiran hacia el Adagio, y hasta el propio corso cree que es el fin. Su servicio de información calcula la fuerza total de enemigos, y el no puede soltar Mantua salvo riesgo de tener otros 15.000 de los que ocuparse. Todo parece perdido.
En el sector de Caldiero-Arcola los austriacos han reunido una imponente fuerza de 25.000 hombres. Jugándoselo todo a una carta concentra el también sus efectivos en esa zona, dejando lo imprescindible para seguir con el cerco de Mantua, y frenar a Davidovitch. Se prepara una de las más brillantes batallas que Napoleón libró, en la que hizo gala de todas sus dotes militares, tanto de táctico como de estratega, para en el plazo de tres intensos dí­as romper la espina dorsal austriaca en Italia.

Puesta su vista en los mapas idea un plan, cuyo motor principal será la toma de Villa Nova, mientras Verona era defendida por Macquard con apenas tres mil hombres. Una jugada de riesgo, que además exigí­a una movilidad casi imposible de sus fuerzas, que habrí­an de desaparecer de sus posiciones tan rápida y furtivamente que el enemigo no se diera cuenta.

El 14 de noviembre parte en dirección a Ronco, a 30 Km de Verona, con 18.000 hombres, en la práctica todo su ejército de campaña.
http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20pages/napoleon%20map%2008.htm
Situación entre el 14 y 17 de noviembre

Imagen
Situación general de campaña

1º dí­a de la batalla: Para el 15 los ingenieros, trabajando de forma admirable, han tendido un puente sobre el Adagio, que permite a los franceses, eso sí­ extenuados por la marcha, avanzar paralelos a los pantanos camino de Villa Nova. Augereau abre marcha, seguido por Massena que con 6.000 hombres se desví­a hacia la izquierda camino de Porcile, donde está el general austriaco Provera con unos 4.000 soldados. Las tropas estacionadas en Porcile son arrolladas por los franceses.
Augereau sin embargo está envuelto en una confusa lucha junto al puente de Arcola, con lo que el objetivo principal queda lejano. Arcola es ahora el principal objetivo de Napoleón. D'Alvintzi, ante el riesgo de quedar cercado en Verona inicia el repliegue. Mientras en Arcola, los intentos de cruzar el rí­o son infructuosos, llegando Napoleón a participar en los combates y estando a punto de perecer al caer a un canal en el fragor de a lucha. Un grupo anónimo de oficiales menores le obliga literalmente a retirarse a retaguardia, lo que no es mala idea pues es el lugar de un comandante en jefe, donde puede organizar y no el pleno fragor donde su pérdida puede conllevar el desorden en la cadena de mando y el consiguiente desastre.

Imagen
Napoleón idealizado en Arcola

Por fin hacia las 7 de la tarde se toma Arcola, pero la trampa no se ha cerrado y los austriacos siguen vivos y preparados para continuar la lucha. Cualquier avance hacia Villa Nova es por ahora imposible.

2º dí­a de la batalla. Los franceses vuelven a la carga en Arcola, que habí­an vuelto a ocupar los austriacos por la noche, al igual que sucede en Porcile. Retoman la segunda pero no la primera localidad. Sin embargo lo elevado de las bajas austriacas está haciendo mella en su general al mando, llega a pensar que no podrá detener un nuevo asalto francés. Al anochecer el grueso francés vuelve a la orilla derecha del Adagio, manteniendo una avanzada en la otra margen Kilmaine con 3.000 hombres llega desde Mantua.

3º dí­a de batalla: 17 de noviembre. Los austriacos están divididos en dos formaciones inconexas, lo que Napoleón se apresura a explotar. Ataca a la fuerza principal de D'Alvintzi, dejando a Massena fijando a los enemigos, casi diez mil, que hay en los pantanos. Augereau ha de dirigirse por Albaredo, tomar Arcola y avanzar hacia San Bonifacio.
Sin embargo será Massena el desequilibrante. Adelanta una brigada en solitario mientras las otras dos se esconden a retaguardia. Los austriacos cargan en bloque y al lanzarse en la persecución de la brigada adelantada caen bajo el demoledor fuego de los parapetados franceses que de inmediato cargan a bayoneta, en su empuje retoman Arcola.
Mientras parte de los hombres de Augereau han sido desviados por la resistencia austriaca hacia Legnano, mientras el llegan a Albaredo, donde son incapaces de forzar el cruce para unirse a las victoriosa tropas de Massena.
Napoleón idea una estratagema digna de un western de J. Ford. Enví­a unos cornetas con un destacamento que han de fingir un avance desde la retaguardia enemiga. Los hombres lo consiguen, creando tanta confusión en la lí­nea austriaca, sorprendida de “oí­r”llegar al enemigo por una retaguardia que creen segura, que se desmoronan. Augereau por fin logra unirse a massena, a la par que llega la columna desde Legnano. D'Alvintzi, descorazonado y sin ánimo da orden de retirada general.

Las bajas francesas sumaban 4.500, mientras los austriacos perdieron 7.000 y gran parte de su espí­ritu guerreo. Además el eje de retirada impedí­a la unión con los hombres de Davidovitch. Hacia él concentra rápidamente sus tropas Napoleón, sin descanso alguno. El austriaco tení­a en un brete a Vaubois, pero al enterarse de lo que se le viene encima inicia una sabia maniobra de “repliegue hacia posiciones previamente establecidas”, vamos que huye dejando 1.500 prisioneros, un tren de pontones, 10 cañones y su equipaje personal.

D'Alvintzi, que poco a poco recupera la calma, se hace rápidamente con su ejército, ordenando reunión general en el Brenta. Mantua tan solo tiene raciones para 30 dí­as, ni puede no debe abandonar sin volver a intentarlo. En la batalla de Rivoli se librará el acto final por Mantua.

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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Dom Dic 27, 2009 10:42 am

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.

6º.- RIVOLI

http://www.dean.usma.edu/history/web03/atlases/napoleon/napoleon%20pages/napoleon%20map%2009.htm
Rivoli 7 - 14 de Junio
A finales de noviembre D'Alvintzi habí­a reorganizado y reforzado sus tropas, teniendo los austriacos alrededor de 45.000 soldados, que amenazaban Bassano. Por su parte el ejército francés contaba ahora, después de recibir varias brigadas de repuesto, con unos 34.500 soldados formados para campaña, y 10.000 hombres alrededor del cerco de Mantua (sin contar los que tení­a en pequeños destacamentos policiales por todas sus rutas de comunicación, otros 10.000). Con tan escaso número las opciones de Napoleón eran meramente defensivas, con lo que optó por fortificar diversos puntos como Rivoli o La Corona.
El dispositivo general francés antes del último intento de D'Alvintzi era el siguiente:
• La división de Joubert entre La Corona y Rivoli.
• Massena en Verona.
• Augereau al sur de Ronco
• Rey en la orilla occidental del lago Garda.
• Vaubois en Livorno
• Sérurier en Mantua, ya que Kilmaine enfermó.

Para el dí­a 12 de Enero de 1797 la situación parece clarificarse. Joubert enví­a un informe en que enfrentado a fuerzas superiores ha sido expulsado de La Corona. Las noticias sobre los ataques austriacos se suceden:
• Bayalistsh con 6.200 soldados ataca Verona
• Provera con 9.000 cae sobre Legano.
• D'Alvintzi con 28.000 avanza por el valle del Adigio.

El corso reacciona con rapidez. Ordena a Joubert parar y resistir a toda costa, mientras él mismo sale hacia Rivoli, donde ha ordenado a Massena y Rey que se concentren. Deja una pequeña guardia en Verona y el resto avanzan con la rapidez tí­pica de los ejércitos napoleónicos hacia el norte.

Rivoli, punto elegido por Napoleón, favorecí­a sobremanera su estrategia defensiva, ya que las opciones de un atacante austriaco eran muy pocas, y sus puntos de llegada tan solo dos malas carreteras de montaña, una de las cuales era poco transitable para artillerí­a. Además el plan austriaco, consistente en hacer converger nada menos que seis columnas era ciertamente complejo. Debido a la complicada orografí­a tres de estas columnas carecerí­an de artillerí­a (las de Liptay, Koblos y Ocksay), otras dos, en un espectacular y complicado rodeo tendrí­an que aparecer por la retaguardia francesa, mientras que los 9.000 soldados de Quasdanovitch, debí­an de asaltar una complicada garganta (Osteria) y desalojar de sus posiciones elevadas en el monte Magnone a los franceses. No se les debió ocurrir a los austriacos que bastaba que una sola parte del plan no saliera para que quedasen gravemente comprometidos.

Para la madrugada del 14 napoleón llega al campo, consiguiendo evitar la retirada de Joubert superado abrumadoramente en número. Con un solo vistazo Bonaparte se percata de cual ha de ser el centro de la acción francesa: la posesión de la población de San Marco, de conseguirlo los austriacos quedarán divididos por la mitad, sin una conexión de mando efectiva. Aún así­ contaba con pocas tropas, por lo que enví­a ordenes a sus subordinados de que avancen todo lo rápido que puedan. Las unidades francesas llegan con cuentagotas, pero constantemente.

Al amanecer comienza la batalla.


Joubert adelanta unos 10.000 soldados apoyados con 18 cañones, a fin de hacer retroceder a las tres primeras columnas austriacas (12.000). Todo iba bien hasta que Liptay consigue empezar a flanquear a los franceses por el oeste. La cosa empeora cuando la demi-brigade 85 (unidad que habí­a demostrado repetidas veces ser poco fiable) puso pies en polvorosa.
Napoleón utiliza parte de la reserva al Mando de Massena para estabilizar la situación (el general está al punto de ser hecho prisionero pero se abre camino regresando entre sus hombres que le vitorean, este incidente aumenta la moral francesa considerablemente). La presión en aumento de los franceses hace retroceder a los austriacos poco a poco.
Sin embargo las cosas se complican al conseguiir los austriacos abrirse camino por la garganta de Osteria y tomar el Magnone. También se ve aparecer a la columna de Lusignan aparece por el sur de Rivoli, lo que impide la llegada de más refuerzos franceses.
Pero la bravura de los franceses, motivados por Bonaparte, enderezarán la situación. LA demi-brigade 18 se enfrenta con éxito a los hombres de Lusignan volviendo a abrir el camino, mientras los granaderos austriacos de en Osteria no son capaces de hacer retroceder a los cansados hombres de Joubert. Napoleón, dándose cuenta del cansancio austriaco en otras zonas, ordena cargar contra la amenaza del Osteria. Todo se conjura, hasta la suerte (dos carros de municiones austriacas estallan provocando gran mortandad y confusión entre sus granaderos) para que unos 500 infantes y jinetes comandados por Leclerc y Lasalle despejen la garganta.
Una vez conseguido las cansadas pero eufóricas columnas francesas han de concentrarse rápidamente para enfrentar a los de Liptay y Koblos, o que consiguen. Para rematar Lusignan se ve sorprendido por la aparición de las tropas de Rey, dejando más de tres mil prisioneros en su huida.
Para las cinco de la tarde la victoria es absoluta para los franceses. Sin embargo Napoleón ha de partir al mando de las tropas de massena, lo más fogueado y mejor valor de su ejército, para impedir que un cruce del Adagio por Anghiari, tropas al mando de Provera, llegaran a Mantua lo que supondrí­a romper el cerco.
Joubert, siguiendo las instrucciones dejadas por Napoleón (ciertamente vagas, no hay que restar mérito a Joubert) terminar de vencer a los austriacos el dí­a 15, consiguiendo 3 cañones y 4.000 prisioneros y obligando a D'Alvintzi a huir entre peñas. En total en estos dos dí­a los austriacos perdieron 14.000 hombres (11.000 son prisioneros)

Provera, auque llegó a las puertas de Mantua, lo hizo demasiado debilitado (perdió 2.000 hombres en el camino). Wí¼rmser intenta una salida el 16 para unirse a él pero fracasa. La llegada de las fuerzas de Napoleón-Massena obliga a Provera a rendirse.

De los 48.000 austriacos atacantes quedaban unos 14.000 en fuga, gracias a la visión del General Bonaparte, la rapidez de las formaciones francesas y el innegable élan de sus hombres.
Además Mantua, desesperanzada, se rinde el 2 de febrero. De la guarnición de 30.000 soldados apenas 16.000 podí­an andar. Como detalle caballeresco decir que el tenaz Wí¼rmser pudo abandonar Mantua sin ser hecho prisionero, con todo honor y como hombre libre. Otros tiempos, otras guerras.

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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Mar Dic 29, 2009 6:50 pm

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7º.- ¡HACIA LEOBEN!

Tras esta serie de victorias en el norte de Italia, y vistos los fracasos de los ejércitos de la República en el Rin, el Directorio decide por fin prestar todo el apoyo posible a Napoleón para avanzar hacia Viena. Sin embargo Napoleón decide no esperar la llegada de los refuerzos previstos y decide pasar a la ofensiva tras conseguir reunir unos 55.000 a 60.000 hombres. El motivo puede achacarse a la presencia del Archiduque Carlos (sin duda alguna el mejor comandante en jefe de los austriacos y que en futuro llegarí­a a batir al propio Napoleón).
Este es el encargado de cerrar el paso a los franceses hacia Viena. Sin embargo le han encomendado una tarea difí­cil, ya que el desánimo ha cundido entre las filas austriacas en Italia y, como consecuencia de tener que dejar el frente del Rin junto a gran cantidad de refuerzos, los ejércitos franceses podrán mostrarse también en este frente mucho más ambiciosos.

De tal manera cuando Napoleón comienza su ofensiva el archiduque puede contar con unos 55.000 hombres en el sector de Friul y el Tirol, lo que, debido a que los franceses habrán de dejar destacamentos para controlar las lí­neas de abastecimientos y las diversas ciudades que han de tomar, da a los austriacos cierta ventaja.

Las operaciones comienzan para final de febrero. Massena, Guieu, Bernadotte (recién llegado del frente del Rin) y Sérurier cruzan el Brenta, tomando Primolano el primero de marzo. Aquí­ la ofensiva a de detenerse unos dí­as, ya que la nieve impide enfrentarse con éxito a la travesí­a de los puertos alpinos. El 10 de marzo el ejército francés vuelve a ponerse en camino.
Por su parte Carlos no ha estado quieto, reuniendo al grueso de sus tropas en las ciudades de Spillimbergo y San Vito. Su objetivo era retirase de manera lenta y ordenada dando cara a los franceses y aprovechando la favorable orografí­a para plantear batallas defensivas de desgaste. Sin embargo una audaz acción de Guieu y Bernadotte descompensa el dispositivo austriaco, al cruzar sorpresivamente el rí­o Tagliamento derrotando en una pequeña acción a los sorprendidos austriacos. La primera lí­nea austriaca se ha desmoronado al primer envite, con lo cual han de retirarse hacia Udine. Sin embargo sus tropas adolecen de un mal endémico, lentitud, al depender de los carromatos de abastecimientos. Los franceses casi viven sobre el terreno, lo que les concede mucha mayor velocidad.
Los franceses no están dispuestos a conceder ni una tregua a los austriacos. Les persiguen hasta el Isonzo, mientras Massena avanza hacia Tarvis. Carlos decide enviar tres divisiones en apoyo del acosado Lusignan, que defiende la garganta de acceso a la ciudad, pero al llegar quedan cogidos entre dos fuegos, ya que los franceses han roto el frente y napoleón se ha colocado a su retaguardia. Entre peñas consiguen huir a duras penas, pero 5.000 de ellos y abundante artillerí­a y bagajes han sido capturados. Los austriacos abandonan su segunda lí­nea de comunicación.
Ahora bien, los franceses también tienen problemas. Sus lí­neas de comunicación extremadamente largas, las bajas de todo tipo, han mermado la capacidad de su ejército. A pesar de todo las noticias siguen siendo buenas, Joubert avanza imparable por el Tirol, así­ que Napoleón decide seguir adelante, el objetivo es Klagenfurt. Para asegurar su flanco de avance ordena a Joubert que tome Brixen y se quede allí­ actuando de tapón frente a cualquier acometida que los austriacos pudieran montar desde Innsbruck.
Para el 29 Klagenfurt ha caí­do. Sin embargo aquí­ las fuerzas francesas están estiradas al máximo y no pueden contar con refuerzos a corto plazo, por lo que Napoleón, a pesar de la debilidad austriaca, opta por la prudencia, deteniendo la ofensiva.
Por si fuera poco para que el ataque sobre Viena pudiera tener éxito deberí­a de coordinarse con las acciones de Moreau, al mando de las tropas francesas en el Rin, ya que de no ser así­ el pequeño ejército de Napoleón podrí­a verse enfrentado a una masa decisivamente superior por parte austriaca. Para la época coordinar este tipo de ataques, con un mando que no estaba centralizado, era poco menos que imposible.
Las opciones del corso no son buenas. De avanzar se expone a ser aplastado. Cada dí­a que está quieto los austriacos ganan poder. Si se retira toda la zona podrí­a levantarse en armas contra él. Solo le queda marcarse un farol. El 31 de marzo enví­a mensajeros de paz al archiduque, mientras avanza hacia Leoben, localidad que toma el 7 de abril. Sus vanguardias llegan al puerto de Semmering, a 120 km de Viena, pero con el toque psicológico de que desde sus alturas se vislumbra la capital del imperio. Sin embargo Moreau no da señales de vida, y Venecia y Tirol se levantan en armas, lo que distrae parte de las posibles fuerzas de refuerzo que han de sofocar estas revueltas.
Para el 16 de abril enví­a de nuevo condiciones de paz (saltándose la inminente llegada de una comisión del Directorio, lo que no sentó bien). Los austriacos están indecisos y responden con evasivas, mientras sus tropas se agrupan para atacar a Napoleón (sus número superaba ya en mucho al francés). Sin embargo para el 18 se produce un hecho que no deja más salida que la negociación a los austriacos: Moreau y Hoche están a orillas del Rin iniciando los preliminares del cruce, y los austriacos no cuentan con efectivos para detenerlos. Se aceptan los puntos presentados en Leoben (posteriormente revisados el 17 de octubre en Campoformio). Bélgica es cedida a los franceses, así­ como reconocida su ocupación de la margen izquierda del Rin y las Islas Jónicas. Además reconocen la República de Cisalpina (formada a partir de Milán, Bolonia y Módena). Por su parte los franceses devuelven Venecia, Istria, Dalmacia y Friul.
La primera campaña de Italia toca a su fin, después de estar en permanente guerra desde 1796 a 1797. Doce meses de duras batallas, que no servirí­an para cerrar heridas de manera definitiva.


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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Orel el Mar Dic 29, 2009 9:30 pm

Qué pena que sean sólo campañas comandadas por él.
Tení­a ganas de leeros algo sobre la Batalla de los Arapiles (Salamanca) de 1812.
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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Mar Dic 29, 2009 10:32 pm

Paví­a desde su base operacional de ciaño

para eso tendrá que esperar.. esperar... vaya usted a saber cuanto tiempo. Por ahora estoy más centrado en el Proyecto de la Flota de Superficie Alemana... pero no olvido este que. por otra parte, es mi niño mimado.

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Re: Las Campañas de Napoleón

Notapor Pavía el Sab Ene 02, 2010 9:18 pm

Paví­a desde su base operacional de Ciaño.


8º.- CONSIDERACIONES FINALES

Las primeras consideraciones son sobre los soldados enfrentados. En general los soldados austriacos eran buenos, muchos profesionales, pero su entrenamiento basado en las premisas del antiguo régimen les lastró a lo largo de toda la campaña. En especial sus lentos convoyes de suministros.
Los soldados franceses parecí­an de todo menos soldados. Frente a los “galantes”uniformes de sus oponentes debí­an de tener un aspecto bastante “pordiosero”. Sin embargo eran el primer ejército popular moderno, lo que les conferí­a mayor empuje en la lucha. Su famoso “élan”supero en la mayorí­a de los encuentros a los austriacos. Además eran mucho más móviles, sobretodo porque apenas llevaban provisiones, se fiaba que el ejército se proveyera sobre el terreno (lo que en ocasiones puso a los franceses al borde de la inanición). De esta manera podí­an llegar con mayor rapidez a las zonas de combate (una especie de técnica relámpago de la época), consiguiendo casi siempre superioridad numérica sobre el terreno de batalla.

El material personal francés era claramente mediocre. Sus mosquetes eran inferiores a los austriacos, por lo que más que fiarse del fuego de la infanterí­a se confiaba en su potencia de choque (carga a la bayoneta). Los ejércitos austriacos al contrario. La caballerí­a, pero montada que los austriacos contaba con una clara ventaja en la osadí­a de sus mandos (tal vez en exceso temerarios en algunas acciones). En cuanto a la artillerí­a aquí­ sí­ que eran superiores los franceses, o tanto en número, como en calidad de las piezas (de las fabricadas en Francia y no de las numerosas piezas capturadas) como en táctica (los estudios cientí­ficos sobre el uso y desarrollo de la artillerí­a en la época real daban ahora plenos frutos.

El mando francés en la campaña fue superior, al conseguir estar más centralizado en la figura de Napoleón. A parte hasta Wí¼rmser y D'Alvintzi el mando austriaco era en el mejor de los casos mediocre si no francamente malo. El archiduque Carlos apenas participó, pero sin duda habrí­a puesto las cosas mucho más difí­ciles.

El mayor error francés fue sin duda la duración del asedio a Mantua, que podrí­a haber terminado si en el primer asedio se hubieran pensado mejor las cosas (recordemos que los franceses se tuvieron que retirar perdiendo un impresionante parque de piezas de asedio que ya nunca recuperarí­an) También se puede juzgar como error (esta vez polí­tico) el escaso apoyo del Directorio, que preferí­a enviar los suministros al frente del Rin , claramente embotellado y donde los generales franceses no podí­an con el Archiduque Carlos.

Destacar por fin el fenomenal aprendizaje que supuso para Napoleón esta campaña. Pudo poner en práctica, a escala controlada todos los conocimientos adquiridos en las largas horas de estudio (más que innovar napoleón era un maestro en juzgar situaciones y aplicar la receta necesaria). Entre todo ello, y como lo más novedoso, destacar el concepto de la concentración de fuerza en un lugar adecuado, que conllevaba una gran movilidad y suponí­a que un ejército menor en número a su oponente, al llegar la hora de la verdad en el campo de batalla, consiguiese ser superior en hombres.

En resumidazas cuentas podemos considerar esta campaña de 1796 a 1797 como el fin de una época. La guerra poco menos que restringida del pasado se habí­a terminado, la estrategia se imponí­a, y el nuevo concepto revolucionario de la Revolución Francesa era el causante. No se combatí­a contra “un pariente”se luchaba contra “tiranos”que sojuzgaban a los pueblos. La guerra se vuelve, por así­ decirlo, total. Esto no quita para que el comportamiento de los soldados franceses en territorio recién ocupado fuera nefasto (pero recordemos que debí­an de vivir sobre el terreno).

Por fin destacar que supone el principio de una nueva generación de mandos, entre los que sobresale sobremanera la figura de Napoleón Bonaparte, que hasta nuestros dí­as, levantará pasiones y discusiones encendidas.

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